Una alborada para la FEU (29-12-10)

El domingo amaneció con menos frío, aunque el clima no es preocupación para los miembros de la Federación Estudiantil Universitaria. Por esa razón, en víspera de celebrar su cumpleaños 88, el día 20 de diciembre, tomaron la arteria principal de la capital provincial e invitaron a su joven relevo (nuestras niñas y nuestros niños) a festejar con ellos.

Alborada fue la invitada del encuentro, Albarina y Kevin, uno de los pequeños de Alitas de colibrí,  pusieron a jugar, a bailar y a cantar a todos los que convocados por la carismática Amarilis, llegaron hasta el portal de la Casa de Cultura José Inda Hernández. La mañana parecía resistida a terminar. Concluía un juego y ya otro era propuesto. La familia disfrutó el encuentro y se convirtió en el público de los improvisados artistas que elevaron sus vocecitas para cantarle a Cuba, a  Fidel, a las vacaciones, al sol…

La FEU preparó una linda canastilla para la  y el bebé que primero dejaran escuchar s llanto de recién nacido el 20 de diciembre. El pueblo pudo apreciar cada regalo, pues junto al quehacer del movimiento estudiantil, fue expuesto.

Mil razones para seguir creyendo en los sueños y en los jóvenes.

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Enviado por: Lic. Reina Torres Pérez
Coordinadora del GTC Alborada.
alboradapc@fcm.cav.sld.cu
Fotos: Lic. Anamary Pupo Garcés.


DE LO MOTOR A LO EXPRESIVO” Juego y vida (29-12-10)

nenes argentinosEstimados José Miguel y Ludovico: Gracias por compartir tantas Semillas de Amor. Deseo tengan un 2011 tan  fructífero como siempre. Les envío un gran abrazo a todas las almas que forman el proyecto. Y les envío desde Argentina para compartir con nuestros hermanos algo deI último proyecto trabajado con las docentes y alumnos del Jardín de Infantes estatal 929 del partido de Morón centro. “DE LO MOTOR A LO EXPRESIVO” Juego y vida.

un cariño y mi deseo de que alguna vez podamos realizar un proyecto juntos

con el afecto sincero de siempre

Claudia Marino
Asesora en Arte y Creatividad

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SOLO UN CAFÉ, por Marié Rojas (29-12-10)

A Silvio Rodríguez

Todo era vasto, pero al mismo tiempo era íntimo y, de alguna manera, secreto.
El Sur
Jorge Luis Borges

La vio acercarse, con el mismo sombrerito que usó en la televisión…

Se hallaba a punto de partir a provincias a una gira promocional de su más reciente disco, encendió el televisor para no sentir tanto silencio – o para acallar los gritos de sus pensamientos – y vio que estaban pasando una entrevista a enfermos terminales. Una idea un poco cruel, pensó, sin darle demasiada importancia.

De pronto escuchó su nombre. El entrevistador le preguntaba de nuevo a una de las pacientes – vaya ensañamiento – si ese era su último deseo.

- Sí – respondió una mujer con un sombrerito de terciopelo verde oscuro, apenas para intentar cubrir la calvicie a la que la condenaba su enfermedad -, de niña y adolescente fue mi ídolo, mi primer y gran amor, compraba sus discos, iba a sus conciertos, perseguía sus entrevistas, me sé sus canciones, sus poemas… Jamás pude siquiera tenerlo cerca… Ahora que estoy tan próxima a partir, desearía poder tomarme un café con él.

- ¿Y que le dedique una canción, tal vez? – insistió el periodista.

- Solo un café – dijo ella, mirando fijamente a la cámara.

Le pareció que los ojos de la mujer, de un azul casi transparente, se clavaban en los suyos. Aquello lo impresionó. ¿Sería una señal? Su religiosidad personal, conformada por lo que había ido eligiendo de varios credos, era muy profunda.

Si, a pesar de nunca ver televisión, de estar apenas prestando oídos, una mujer a punto de morir decía su nombre, y vivía en una ciudad donde harían una corta estancia… Era un llamado.

Logró localizarla a través del hospital donde se realizó la entrevista. Ella, muy emocionada, le dijo que no vivía en la ciudad, sino en un pueblo cercano, pero podía tomar un tren y coincidir con su apretado horario, una hora antes de partir. Para ayudar al encuentro, fue él quien propuso que fuera en el café de la terminal, un sitio agradable. No era primera vez que hacían esta parada, ahí vivía la madre de uno de sus músicos. El resto hacía cualquier cosa, hasta que se reunían en el punto acordado.

Se levantó, saludó con una inclinación de cabeza que ella respondió del mismo modo. La ayudó a sentarse y esperaron, sonriendo en silencio, que viniera la camarera para ordenar, él un café expreso, ella un capuchino.

Tenía la nariz levantada y las mejillas tersas, muy pálidas. En contraste, las pecas que salpicaban su rostro eran casi rojas. “Parece una niña que se resistió a crecer, tiene rostro de bebé”, pensó y se le heló la sangre al recordar que estaba frente a una persona a la que le quedaban, con suerte, unos meses de vida. Su antiguo miedo a la muerte estaba sentado frente a él.

Ella adivinó sus pensamientos.

- Conozco esa mirada, no te preocupes, no es tan terrible como parece… Todos venimos al mundo con fecha de vencimiento, la diferencia es que yo conozco la mía.

No sabía qué responder, mas, al verla echar a reír, aflojó la tensión y rió también. Había tenido sus temores, a última hora casi se retracta del encuentro. Las fans lo ponían nervioso, esperaban de él algo más de lo que era, como si tuviera que hablar todo el tiempo en el idioma de sus canciones, tener salidas geniales ante cada frase, tararear lo que ellas le pidieran. Hubo una que le reprochó su estatura… y hasta su edad, comentándole que “en la portada de los discos se veía más joven y más alto”.

- No espero nada trascendental de este momento – sonrió ella, leyendo su mente de nuevo -, debes estar hastiado de todo tipo de acosos, preguntas fuera de sitio, indiscreciones y comportamientos extremos. Mi deseo era éste, compartir un café contigo, nada más.

La hora discurrió tan rápidamente que quien los contemplara hubiera dicho que eran dos amigos que se reencuentran luego de una larga pausa y tienen mucho que contarse. Rieron, comentaron sucesos del pasado, eventos que conmovieron a muchos, otros casi olvidados… No tuvo que mirar el reloj, ella lo hizo por él.

- Llevo medida del tiempo, sé que estás en una breve parada. Mi agradecimiento no tiene límites y sé que te pondrá nervioso escuchar todo lo que ha significado para mí este encuentro. Solo quería, antes de despedirnos, hacerte un regalo, algo especial que solo yo puedo darte…

De nuevo sus nervios se dispararon: Lo dicho, con los fans todo es de esperar. Pero ella no parecía tener impulsos de besarlo, ni de dispararle con un arma oculta, pedirle su reloj, ni siquiera un autógrafo en algún sitio extraño de su geografía. En vez de esto sacó una agenda y un bolígrafo.

- Como sabes, estoy a las puertas de un viaje sin retorno – lo miró, sabiendo que acaparaba su atención -. Cuántos no habrás perdido, cuántos adioses inesperados, cuántas largas despedidas, cuántos “hasta pronto” que se transforman de golpe en “hasta siempre”.

Guardaron silencio por unos segundos.

- Siempre que esto sucede, pensamos que algo esencial faltó, más allá de la ausencia. Rezamos por una hora, por un minuto, así sea por saber que nos escuchan – continuó ella, extendiéndole ambos objetos -. Elije una de estas personas, la que darías cualquier cosa por ver una vez más. Escribe lo que quedó por decir. Te prometo que, si la otra vida existe, la buscaré y se lo diré, así me tome el resto de la eternidad.

- ¿Y es necesario ponerlo por escrito? – le dijo, con los ojos húmedos, llenos de remembranzas y agradecimiento.

- Sí, para poder aprendérmelo de memoria en el tiempo que me queda y transmitirlo, con tus palabras exactas, a ese alguien que amaste tanto y el destino te llevó antes de que pudieras decírselo.

Comenzó a escribir, entendiendo que el mensaje captado aquel día frente al televisor había sido para él, pero no del modo en que lo entendió.

Dejó gotear su dolor en el papel que iba cubriendo de renglones, sin saber si se hallaba en una estación de trenes, frente a una mujer aún joven y bella a pesar de los estragos de la enfermedad, o si se hallaban ambos en una estación de tránsito de un género distinto, y frente a él tenía un ángel que adivinaba sus deseos, sus memorias, sus temores y hasta lo que había pretendido sepultar en los rincones más hondos del olvido.

Marié Rojas Tamayo


EL DÍA, por Marié Rojas (29-12-10)

Para mi princesa Sarah

-Oh, eso no lo puedes evitar – repuso el Gato-. Aquí todos estamos locos.

Alicia en el País de las Maravillas
Lewis Carroll

dia

 
¡Hoy es el día! Pasaban gritando todos rumbo a la plaza?

Ella no necesitaba escucharlo: había esperado demasiado este momento.

El castillo bajaba a la tierra.

Extraño acontecimiento que sucedía bajo una conjunción excepcional, que nadie vivía para presenciar dos veces. Cualquier testigo sería polvo en el viento cuando regresara aquel lapso, tan esperado que los habitantes del pueblo alargaban su estancia en este mundo para verlo.

El castillo en las nubes permanecía suspendido sobre la ciudad. Para los forasteros era solo una nube más, un cúmulo nimbo de base plana y figura que se alargaba hasta perderse de vista, tomando curiosas formas que semejaban torres, almenas, muros… Pero los que corrían a su encuentro tenían otra verdad.

Nelly corrió al centro de la plaza, tan espaciosa, con todo colocado alrededor: la fuente, los tenderetes, los cafés, los bancos, como esperando esa hora inverosímil, pero cierta.

Nadie llevaba la cuenta, era imposible predecir la fecha, pero el golpeteo de su corazón le había dicho al despertar: ¡Corre, este es el día!

Solo había que acechar que la puerta se abriese ligeramente y?

No se había creído con el valor de hacerlo, a pesar de estar ensayándolo en su mente desde que acumulaba recuerdos. Aprovechando la abertura había saltado al interior.

-  Vengo a ofrecer mi corazón ? dijo al alto joven que la miraba entornando los ojos, desde un butacón.

-  ¿Y para qué puedo querer tu corazón, mi pequeña visitante no invitada? ? le dijo, sonriendo con sorna.

-  Todos saben que no tienes corazón, que para vivir necesitas el de una doncella de alma pura, que cuando la fuerza de éste se agota, bajas a la tierra por una hora, tiempo que te basta para atrapar alguna, haciendo uso de tus artes oscuras.

-  Ajá, ¿eso dicen de mí? ? siguió sentado, balanceando una pierna.

-  Tengo una hermana menor, aún no arriba a la mayoría de edad, los demás se han apurado en casar a sus hijas para que no te las lleves, no puedo arriesgarme; ella es la alegría de vivir de mis padres.

-  ¿Ah, sí? Y tú, ¿quién eres? ¿La oveja negra?

-  Nadie me extrañará, nadie me espera en casa. Dicen que no tengo la cabeza en mi sitio, que soy una inútil. Hoy tal vez les demuestre, con mi sacrificio, que de algo valió mi nacimiento.

-  ¿Sólo por eso has venido?
 

Nelly sintió que el rubor la invadía.
 

-  Estoy? estoy dispuesta, no hace falta más ? balbuceó.

Él le hizo señas de sentarse en una butaca al lado de la suya, ella obedeció, sintiendo que las piernas podrían haberle fallado si se mantenía un segundo más en pie. El corazón latía tanto que parecía querer escapar de su pecho? ¿Así de apurado estás por abandonarme?, le preguntó en silencio.

-  Déjame contarte algo ? sonrió de nuevo -, debes saber que una historia es como un diamante de mil facetas, cambia de rostro, dependiendo de quién la cuente y quiénes la escuchen: Hace mucho tiempo, demasiado, me llevé a una doncella, solo a una?

-  ¿Myriam?

-  Entonces lo sabes ? se inclinó ligeramente hacia ella.

-  Mi abuela me lo contó, ella entregó su corazón para salvar a su hermana menor.

-  Y tú creíste la historia sin pensar en que nadie fue testigo del encuentro, ¡para colmo pretendes repetirla! ? un relámpago cruzó su mirada – Solo había bajado a recoger semillas para replantar mi jardín? Y la vi: supe al instante que pertenecía más a mi mundo que a este donde había nacido. No la rapté: le tendí la mano. Ella obedeció a su corazón. Tuvo tiempo de volver sobre sus pasos y no lo hizo. Mi castillo se elevó, regresó al sitio donde está desde el inicio del tiempo.

-  Pero tú? – Nelly sentía un ominoso deseo de romper en lágrimas – ¡Dicen que no tienes corazón!

-  No lo tengo. Se marchó con ella, cuando llegó su hora final. Solo teníamos la duración de una vida humana para compartir. Ambos lo sabíamos ? se levantó y le señaló el salón contiguo -. El resto es leyenda, tejida alrededor del silencio en que me encierro. Sígueme, verás el lienzo que de ella pinté, intentando atrapar el halo de magia que la envolvía?

-  Descuida, conozco el camino ? dijo Nelly levantándose.

Petrificada al escuchar sus propias palabras, lo miró asustada.

-  ¿Por qué he dicho esto?

-  ¿Quién quiere ser eterno cuando vive sin corazón? – le tendió la mano – Ayer te vi en la plaza, mirando hacia las nubes. ¿Dirán de nuevo que lo haces por salvar a tu hermana?

-  Sueño contigo desde que tengo memoria de mis sueños – entrecerró los ojos ?? sabía como iba a ser tu rostro, el brillo de tus ojos, el aroma de tu aliento, el tacto de tus dedos en los míos.

-  ¿Tendrás la paciencia y el amor de envejecer de nuevo al lado de un hombre condenado a permanecer siempre joven?

-  Y tú ? ella tomó su mano -, ¿tendrás la paciencia de esperar de nuevo mi regreso, luego del inevitable adiós?

Rieron y marcharon a contemplar el cuadro de la bella Myriam, que en nada se parecía a esta muchacha despeinada, con gafas, camiseta y jeans negros, calzando zapatillas de cordones.
 
(¿Cómo la reconoció, podríamos preguntarnos? ¿Cómo la vio desde tal altura? ¿Cómo ella adivinó su rostro en sueños? No hay respuesta para ciertas preguntas: Así es el amor, aprende a ver con los ojos cerrados).

El castillo cerró sus puertas y se elevó.

Los habitantes del pueblo, saliendo de sus escondites, comenzaron a alabar el sacrificio de Nelly, tan inocente que se le podía tomar el pelo sin vérsela ofendida, siempre rodeada de libros, de gatos, de aves y de flores, tarareando con la mirada perdida en las nubes, dibujando esa sonrisa que no obedecía razón alguna.

Feliz año 2011 a todos los lectores de DESDELCORAZÓN y HACIENDOALMAS

Marié Rojas Tamayo
Dibujo: Ray Respall Rojas